miércoles, 18 de marzo de 2020

Apostillas a la primera clase teórica


¿Para qué sirve la teoría literaria? Es difícil dar una respuesta única, en general y en abstracto, fuera de contextos específicos. De modo que pensamos su importancia aquí, ahora, en relación a la sistematización de los estudios literarios que supone la institución universitaria. Entonces se podría considerar que de lo que trata es de distinguir, clasificar y revisar (hasta cierto punto: destruir) un cierto sentido común que histórica y culturalmente -aunque con las banderas de la naturaleza y la tradición- se ha apoderado del arte y la literatura.

Es decir, que el lector ingenuo deje de ser ingenuo. Consecuentemente, de lo que se trata es de hacer a un lado los mitos que pesan sobre la creación estética desde hace siglos, razón por la cual han echado raíces tan profundas. Existe un vocabulario legendario que liga a la experiencia artística con la inspiración, el éxtasis, la invocación trascendentalista, el alma, el espíritu,  entidades todas ellas que andan por allí rondando el corazón de quien escribe como el del lector mesmerizado por el embrujo de las palabras. O sea, una ideología más o menos clara en algunas de sus determinaciones es, más difícil de precisar en relación a otras.

Justo es decir que si tal imaginario no existiera, si  algún lugar de nuestras cabezas no habitara la idea de que la literatura tiene algunas virtudes mágicas y misteriosas, a lo mejor no estaríamos aquí, ni leeríamos poesías y ficciones. Quién sabe.

Detengámonos en una definición única, que se desprende de lo anteriormente dicho: la teoría literaria es una reflexión fuerte sobre las categorías que -de manera necesaria aunque no evidente- sostienen el fenómeno literario, tanto en lo que hace a la creación, como a su distribución y  apropiación lectora. Maneras que, ni bien se rasca un poco la superficie, posibilitan la emergencia y el reconocimiento de nociones como, por ejemplo, género literario o criterios de clasificación y selección. El francés Jacques Derrida ha señalado la paradoja de que son leyes que se obedecen aunque en realidad no están explicitadas en ningún lado. Constituyen una suerte de protocolo fantasma.

En la filosofía, una categoría es una de las nociones más abstractas y generales a través de las cuales los entes son reconocidos, diferenciados y ordenados como parte de un conjunto. Mediante las categorías se precipita una taxonomía jerárquica de  las cosas del mundo. Fenómenos muy parecidos y con características comunes constituirán una categoría única, y a su vez categorías afines en su aspecto integrarán una categoría superior… Lo importante es advertir que no están allí afuera, en el mundo, no se alimentan de los datos que brindan los sentidos, sino adentro de las cabezas, ordenan y ayudan al trabajo de nuestros cerebros, donde no se han depositado a partir de un determinado talento o virtud individual, sino que son la compleja sedimentación del trabajo histórico de un conjunto de patrones o esquemas culturales.

Por eso el filósofo idealista alemán Immanuel Kant calificaba a las categorías como propias del sujeto trascendental, y consideraba que se trataba de formas a priori, es decir independientes y previas al “llenado” que precipitaba la actividad sensorial.

En el sentido contrario al análisis, las categorías siguen la dirección lógica de la síntesis; lo uno que posibilita, en definitiva, entender lo múltiple.

Los empiristas escoceses, entre los siglos diecisiete y dieciocho, David Hume en primer lugar, señalaban sobre la noción de causalidad que se trataba de un “agregado”, un “suplemento” sumado por la inercia de la costumbre antes que por la fuerza de la lógica a la información que brinda la experiencia. Su conclusión era que el conocimiento de los hombres debía ser menos pretencioso, más modesto de lo que pretendía la avasallante ciencia y pensar en regularidades antes que en duras, universales y necesarias leyes científicas. Al revés, Kant afirmaba en su Crítica de la razón pura que el tiempo y el espacio eran categorías, formas de la intuición, sin las cuales pensar es imposible. El pensamiento, en consecuencia, debe ser considerado como el resultado del devenir de la especie, y por ello es trascendental. Algo similar a aquello que el otro gran pensador idealista de Alemania, Georg Hegel, llamaba Espíritu.

Pues bien, la teoría literaria porfía en la inspección de esas categorías que le son propias. Sin duda mucho más inestables y cambiantes que aquellas a las que se referían los filósofos. A punto tal que una vez que se manifiestan los artistas bien puede dedicarse a transgredirlas. Una de las “transgresiones” más interesantes al respecto es la indistinción entre la literatura de ficción y la escritura de la crítica; ese filo que trabajó (y teorizó) con talento el francés Roland Barthes y donde se pueden colocar también Los diarios de Emilio Renzi, de Ricardo Piglia, ayer nomás publicados.

¿Se puede pensar que cuando se analiza un relato, o cuando simplemente alguien lo lee, esa acción se lleva adelante sin guía alguna, siguiendo la imposición sin más de los caracteres que como una hilera de insectos desfila frente a los ojos y despierta sentidos y sensaciones en cerebros vírgenes? Pensar de tal modo sería una celebración (tardía) del empirismo radical. La epistemología, la filosofía de la ciencia, el cognitivismo más bien han enseñado que es imposible dicha consideración: no hay cabezas libres de información anterior a la experiencia de la lectura. De manera consciente o inconsciente ese conocimiento previo, esos esquemas, esos valores más o menos difusos impulsan y “completan” el sentido.

La advertencia de tal realidad y la problemática que de ella se desprende es tarea principalísima de la teoría literaria.



Primera clase teórica


1.

Lo que sigue es una acción de emergencia que busca suplir la clase teórica presencial que debería en este mismo momento estar desarrollándose en el aula 206 del segundo piso de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de la Pampa, sede Santa Rosa. La idea es continuar con esta práctica mientras se le da pelea al virus corona y se imponen una serie de restricciones institucionales con tal fin.

La clase hubiera comenzado con un saludo -¡Muy buen día!- y la presentación de los profesores que integran la cátedra de Teoría y análisis literario. A continuación se habrían detallado los horarios y las aulas en que llevarán adelante los teóricos, los prácticos y el taller de lecturas teóricas, así como las características y las fechas de evaluación para parciales, entrega de trabajos prácticos y recuperatorios. Toda esa información ya fue volcada en este blog. Es obvio que las fechas y características de las evaluaciones podrían variar, pero eso no es algo que por ahora se pueda prever; habrá que esperar.

Se habría pasado asistencia siguiendo la lista de inscriptos y se hubieran repasado los lineamientos generales del programa, más allá de los números que lo ordenan para la formalidad del papel.

En el programa de la materia hay un bloque inicial de características más epistemológicas, destinado a charlar de manera introductoria sobre el nombre de la asignatura, sobre los conceptos teoría, análisis y literatura, atentos sobre todo a que uno de los objetivos buscados es que los estudiantes vayan apropiándose y sean capaces de manejar un vocabulario técnico específico, propio de la teoría de la literatura.

Un segundo bloque está destinado a la escuela de los formalistas rusos y la lectura completa de la clásica antología compilada por Tzvetan Todorov.

El tercer bloque adquiere la perspectiva de la comunicación y la semiología para juzgar el fenómeno literario, a través de las figuras de Mijail Bajtín, Jan Mukarovsky e Iuri Lotman.

El cuarto bloque reúne las visiones del estructuralismo y el posestructuralismo sobre los problemas estéticos.

El quinto bloque es que, de manera general, se ha optado por denominar “sociología de la literatura” y engloba los ensayos de Gyorgy Lúkacs, Raymond Williams y Pierre Bourdieu.

La sexta y última sección tarta de una aproximación sobre el fenómeno literario desde la teoría de los discurso sociales (Jonathan Culler, Regine Robin).


2.

El término castellano teoría proviene del griego θεωρία, que remite a un saber especulativo; está asociado etimológicamente a la acción de ver, de contemplar, e incluso hay especialistas que señalan en la formación de  la palabra un morfema indoeuropeo que remite bien significativamente al significado “brillar”. En el pensamiento griego clásico -en los escritos de Aristóteles, por ejemplo- el teórico es el tipo de conocimiento más perfecto; se lo define en los términos de un proceso racional que orienta su lógica hacia la fundamentación sólida de los fenómenos, es decir que su causa última es la verdad. En aquel mundo clásico la teoría, paradójicamente si se la mira desde la actualidad, aparece enfrentada al mundo, al  conocimiento vulgar que procuran los sentidos; en los términos de Platón la matemática es la mayor de las ciencias precisamente porque se trata de una creación intelectiva pura, es fruto exclusivo del pensamiento de los hombres, está limpia del barro y la confusión que procuran los estímulos empíricos.

En el mundo contemporáneo, el de la ciencia moderna surgida allá hacia fines del siglo dieciséis y comienzo del siguiente, la teoría será estimada como un saber hipotético y probable; el inicio de una secuencia lógico-deductiva que posibilita el máximo de certidumbre posible con respecto a aquello que postula, de acuerdo siempre a la contrastación empírica de sus enunciados.

Con trazo grueso se puede señalar que en la Antigüedad la θεωρία se concebía opuesta a la  πραξις. Esta última se relaciona con el saber práctico, cotidiano, que está urgido por la necesidad del hacer inmediato, mientras que aquella se desentiende de la inmediatez pera sumergirse en la profundidad, lo esencial, la forma, el concepto. Esa distinción fuerte se difumina en la Modernidad, cuando la irrupción de la ciencia y su método imponen otros protocolos para la fundamentación de la verdad.

En síntesis puede decirse que es el ámbito del conocimiento nomológico, el de los principios, las normas generales, las leyes científicas.

La palabra análisis también es de origen griego; proviene de ἀνάλυσις) que quería decir “separar” (ana, separación; lysis, disolución). Su equivalente en la lengua latina clásica es descompositio. O sea que el análisis se relaciona con una operación básica del saber, la fragmentación de un fenómeno en las partes que los constituyen, para así poder estudiarlas con mayor detenimiento y dar mejor cuenta, con posterioridad, de las conexiones que dan “completud” y “compacidad” al todo que las reúne.

En la ciencia moderna el análisis es el inicio y comienzo desencadenante del proceso de la investigación. Como se puede ver rápidamente, su origen contemporáneo encuentra en las ciencias naturalezas, en la biología, su modelo más claro y evidente: la disección del animal o de la planta para poder comprender los modos de su nutrición o reproducción (una práctica que, limitadamente, se sigue realizando en los laboratorios escolares). Ahora, es  también evidente que el uso literal que el vocablo tiene para la biología a poco andar se cargará de matices metafóricos en otras disciplinas. El ejemplo que aquí se tiene bien a mano es la gramática: también es de reconocida fama escolar el “análisis” sintáctico. Vale la pena recordar que Ferdinand de Saussure era un convencido positivista, y que el positivismo, hacia el último tercio del siglo diecinueve, es la corriente de ideas que encontraba en la biología su arquetipo científico, en el método experimental (análisis) su piedra filosofal y en Charles Darwin a su héroe.

El impacto que la lingüística tendrá sobre los estudios literarios desde comienzos del siglo veinte y hasta hoy, llevará la práctica analítica a poemas, cuentos y novelas, la descomposición de las formas mayores en sus partes constitutivas, la obsesión por las unidades menores; tanto los formalistas rusos como los estructuralistas son buenas ilustraciones de este “traslado”.

Por supuesto que su suscitarán múltiples polémicas. La primera ya se encuentra en el prólogo crítico que el filólogo español Amado Alonso dedicó a su traducción del Curso de lingüística general: ¿se pueden asimilar las ciencias físico-naturales con las “ciencias del espíritu”? Pero más directamente: ¿se puede asimilar la estructura de un soneto a la de una oración? ¿Se puede hablar de “unidades mínimas” -a la manera de fonemas o morfemas- en las obras de arte? Las respuestas a estos interrogantes son múltiples y han suscitado múltiples polémicas.

Una fundamental se da alrededor de si la teoría de la literatura puede ser una ciencia. Como se verá el ruso Roman Jakobson contestó afirmativamente; a otros ni siquiera les parece interesante pronunciarse al respecto.

Las razones de los debates son diversas, pero en esta clase introductoria interesa subrayar una que se estima definitiva. Porque teoría y análisis se continúan en esta asignatura con el término literario, y el adjetivo encierra aquí la problemática del objeto, que bien lejos está de ser algo dado.

Los fragmentos que siguen, tomados de Terry Eagleton y del prólogo a un libro de Roland Barthes, intentan merodear los pormenores de la cuestión.

Para la que viene se les solicita que tengan bien leídos dos cuentos argentinos clásicos “Casa tomada” de Julio Cortázar y “Pierre Menard, autor del Quijote”, de Jorge Luis Borges; el primero pertenece al volumen Bestiario y el segundo a Ficciones, así como el conocido ensayo de Roman Jakobson llamado “Lingüística y poética”, que de manera fragmentaria seguro vieron en la escuela secundaria en torno al “modelo de la comunicación” y las “funciones del lenguaje”.

Hasta el miércoles que viene. Cuídense.



martes, 17 de marzo de 2020

Fragmento primero de una imaginaria clase inicial (mientras el coro aúlico canta: ¡El virus corona no pasará!)


Acerca de la pretendida existencia de la teoría literaria

En el comienzo de su ensayo Introducción a la teoría literaria (México, Fondo de Cultura Económica, 1988), que busca ofrecer una suerte de balance crítico del desarrollo de esta disciplina a lo largo del siglo veinte, el inglés Terry Eagleton escribió: “En caso de que exista algo que pueda denominarse teoría literaria…”. La frase es simple, curiosa y obliga a ensayar alguna reflexión al respecto puesto que conduce de inmediato a formular la pregunta: ¿existe la teoría literaria? De inmediato, y un poco más extensivamente, si la respuesta es positiva quedaría por mensurar la importancia o no de dicha disciplina.

La primera observación es que no siempre ha existido la fórmula “teoría literaria”; por el contrario su acuñamiento, según coinciden las más tradicionales historias sobre los estudios literarios, es de inicios del siglo veinte y su fortalecimiento y expansión  posterior a la Segunda Guerra Mundial. Así, por ejemplo, para citar algunos hitos notables, el ruso Boris Thomashevsky dio a conocer su Teoría de la literatura (poética) en 1925; los estadounidenses -el primero de ellos oriundo de Checoslovaquia- René Wellek y Austin Warren publicaron en 1949 el célebre volumen Teoría literaria, cuya versión castellana se dio a conocer a mediados de los sesenta; sobre fines de esa misma década se distribuyó en el mundo de habla hispana la muy influyente Teoría de la literatura de los formalistas rusos compilada por el estructuralista búlgaro-francés Tzvetan Todorov, que se había dado a conocer originalmente en Europa en .

La cita completa de Eagleton dice:

En caso de que exista algo que pueda denominarse teoría literaria, resulta obvio que hay  una cosa que se denomina literatura sobre la cual teoriza. Consiguientemente podemos principiar planteando la cuestión ¿qué es literatura? Varias veces se ha intentado definir la literatura…

Se trata de un comienzo clásico, y es así debido a que de inmediato convoca una problemática por demás conocida para los especialistas del área, aunque no por conocida deja de ser menos necesaria su explicitación. Se trata de un problema epistemológico que se desenvuelve más o menos en estos términos casi desde fines del siglo diecinueve, cuando, acompañando el prestigioso ascenso de la biología como testimonio de las cumbres que había alcanzado el conocimiento humano rigurosamente fundamentado,  la corriente positivista estableció que no podía existir ciencia sin tener un objeto de estudio claramente delimitado. El efecto más evidente de dicha fórmula se puede constatar en los fundamentos que Ferdinand de Saussure despliega en su Curso de lingüística general, publicado en 1916.

Así, para que la teoría literaria pueda ser concebida como una rama fundamentada de conocimiento debería partir claramente de un “objeto”, requisito para que pueda cimentarse un análisis metódico y la enunciación de leyes y de criterios de validación de sus enunciados, como cualquier otra disciplina. Sin embargo, y en este punto el desarrollo inicial el libro de Eagleton también revisa un tópico recurrente: la imposibilidad de contestar de una vez y para siempre la interrogación acerca de qué es esa cosa llamada literatura.

Ahora bien la particular naturaleza del fenómeno literario hace que la respuesta a la pregunta precipite un desfile de infinitas variaciones y acercamientos que atraviesan las épocas y las sociedades. Si se pretende la ortodoxia -algo que a esta altura ya suena más a capricho antes que a pretensión válida- difícilmente puede otorgarse a la “teoría”, la “crítica” y el “análisis” literarios los certificados que garanticen la cientificidad de sus quehaceres.



Fragmento segundo de una imaginaria clase inicial (Coronavirus, ¡atrás! ¡atrás! ¡atrás!)

Límites de la teoría literaria

En “El simulacro. Notas para una diacronía”, introducción que escribió para un libro de Roland Barthes (¿Por dónde empezar?, Barcelona, Tusquets, “Cuadernos ínfimos” n. 55, 1974, pp. 15-25), Marc Buffat reflexiona en una nota al pie sobre la cuestión que nos parece central en relación a los límites de la teoría literaria, en el sentido de cuál es su objeto su estudio, o más directamente: ¿de qué habla? Porque allí el crítico francés refresca la tensión existente entre dos polos.

Por un lado, la búsqueda de la literaridad, esa naturaleza particular que permitiría definir un campo de análisis en el sentido epistemológico tradicional y sus correspondientes extensiones nomológica y metodológica. Buffat sostiene que tal búsqueda -nótese la fecha de su artículo- ya ha tropezado con tantos obstáculos que se la puede considerar ya sepultada o en la limbo en el que sobreviven las buenas intenciones utópicas.

En el sentido contrario, se pregunta si en realidad la modernidad no pasa por la disolución de la noción de literatura.

Entre esos límites, pues, parece extenderse toda discusión acerca de la especificidad (o no) que la teoría y la crítica literaria reclaman para sí. De alguna manera puede afirmarse que las diversas corrientes y autores definen sus herramientas conceptuales y su práctica analítica tratando de resolver de diverso modo la discusión que esta problemática abre. Y hasta es posible observar la manera en que conceptos como el de texto -al menos a partir de la apropiación que de esta noción han realizado autores como el mentado Barthes y Julia Kristeva, por ejemplo- busca conjurar el desafío colocándose adentro y afuera a la vez,  en el punto de intersección entre una línea y la otra.



Horario de las clases teóricas, trabajos prácticos y taller de lecturas teóricas 2020. Cronograma de evaluaciones

Ciclo lectivo 2020

Primer cuatrimestre: del lunes 09 de marzo al viernes 26 de junio

Horario de las clases teóricas, a cargo del profesor Jorge Warley:
Miércoles 10 a 12 horas - Segundo piso, aula 206

Consultas:

Los jueves entre las 11 y las 13, y durante toda la tarde a partir de las 15 se podrán ampliar las consultas realizadas en clase al profesor titular en el Departamento de Letras, en el tercer piso de la Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam

Horario de clases de trabajos prácticos, a cargo del profesor Daniel Pellegrino:
Miércoles 12 a 14 horas  - Segundo piso, aula 206

Horario de taller de lecturas teóricas, a cargo del profesor Bruno Mondino:
Martes de 20 a 22 horas  - Segundo piso, aula 206

Evaluaciones:

Primer parcial teórico - Miércoles 13 de mayo, 10 a 12 horas
Recuperatorio del primer parcial teórico - Miércoles 20 de mayo, 10 a 12 horas
Segundo parcial teórico - Miércoles 17 de junio, 10 a 12 horas
Recuperatorio del primer parcial teórico - Miércoles 24 de junio, 10 a 12 horas

Primer trabajo práctico - Miércoles 06 de mayo , 12 horas
Segundo trabajo práctico - Miércoles 03 de junio, 12 horas
Entrega final del segundo trabajo práctico - Miércoles 10 de junio, 12 horas

Profesorado en Letras - Estudiantes inscriptos:

7738    Alanis Dari, Victoria
8970    Albino, Maria Lourdes
7787    Alvarado, Florencia
8547    Ayala, Milena Romina Del Cielo
8150    Barrio Aguilar, Carolina Iriel
9146    Brait Silva, Cyntia Lorena
8982    Cometto, Valeria Celeste
8554    Conti, Sofía Luz
8194    Cucchiarini, Martina
8575    Delfino, Ornella Natalí
8541    Dutto Ordienco, Oriana        
8990    Effner, Aldana Noel
8991    Flores, Camila
8993    Heredia, Tomas Joaquín
3405    Masoero Palacios, Liliana Andrea
8549    Mayer, Camila Sol
8582    Olguín, Esteban Bernabé
6782    Paredes, Elizabet
8169    Pagola, Paula Soledad
8544    Pathauer, Carla Antonella
9002    Quaglino, María Ludmila
9008    Starck Cuffini, Andrea Romina
8068    Tallone, Malén
7784    Urdaniz, Fernanda María
8121    Yoli, Florencia Carolina

Licenciatura en Letras - Estudiantes inscriptos:

7738    Alanis Dari, Victoria
8103    Alvez, Vanessa Micaela
8547    Ayala, Milena Romina Del Cielo
8981    Castro, Ileana Belén
8982    Cometto, Valeria Celeste
8541    Dutto Ordienco, Oriana        
7913    Fanjul, Ana Melina
8543    Gómez Salao, Ana Rocío
5796    Perrin, Cristina Beatriz
8544    Pathauer, Carla Antonella
8424    Torres, Laura Micaela



Clases de trabajos prácticos - El cuento

Trabajos prácticos - Primera reunión

El cuento: características generales

En este primer ejercicio de los trabajos prácticos de la asignatura, se plantea la oportunidad de una clasificación de los relatos cortos en el panorama de la literatura occidental a través del texto de Jaime Rest “Cuento”.

Consignas:

--Identifique y defina los dos grandes períodos del cuento universal.
--¿Qué acontecimientos indican el cambio de período?
--Identifique los rasgos distintivos del cuento tradicional y del cuento moderno.
--¿Qué especificidades tienen los autores y los personajes de una y otra clasificación?
--¿Qué significa el “efecto procurado” de un relato?


Trabajos prácticos - Segunda reunión

Los orígenes del género: Giovanni Boccaccio y Geoffrey Chaucer

El cuento literario toma impulso a partir del Renacimiento y se lo puede encuadrar dentro de las formas modernas del arte. Sin embargo, tanto al escritor italiano como al inglés se los considera como precursores del movimiento renacentista europeo, por lo cual sus escritos  aún conservan “enseñanzas” de la extensa etapa del cuento oral/tradicional del medioevo. Dicho de otro modo, a ambos se los señala como autores de transición entre la etapa tradicional y moderna del cuento.
Luego de leer los cuentos que a continuación se señalan, procure responder las consignas.

Giovanni Boccaccio, 1313-1375: "El halcón"

Geoffrey Chaucer, 1343-1400: "Cuento del perdonador"

Consignas:

-Comente de cada uno de los cuentos: tema, acciones principales, y los símbolos que devienen de la trama (el mismo halcón, los 'perdones' papales).
-Evalúe que características de los relatos tradicionales se manifiestan en los dos cuentos.

Trabajos prácticos - Tercera reunión

El cuento tradicional y el cuento moderno: Don Juan Manuel y Jorge Luis Borges

Una vez conocidas las caracterizaciones del cuento popular y del cuento literario, según Jaime Rest, se propone como ejercicio la lectura un cuento de la tradición y otro moderno con la particularidad de que este último es una reescritura del primero.

En el siglo XIV aparecen en España los Enxiemplos del conde Lucanor et Patronio, escritos por Don Juan Manuel. En el siglo XX, Jorge Luis Borges escribe una versión del “Ejemplo XI” (“De lo que le aconteció a un deán de Santiago con don Illán el gran maestro de Toledo”.) El argentino tituló su versión “El brujo postergado” que originariamente apareció en Historia universal de la infamia (1935).

Acaso la secreta idea de la cual partió Borges para reescribir el cuento se halle en un párrafo de otro de sus relatos famosos, “Pierre Menard, autor del Quijote”. Este texto disfraza un ensayo a propósito de la tarea que significa ser un lector minucioso y apasionado que luego emprende su propia interpretación a través de una reescritura:

Ser en el siglo veinte un novelista popular del siglo diecisiete le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo -por consiguiente, menos interesante- que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard.

Este modo de abordar la literatura primero como una tarea de lectura (o, en un sentido prístino, como un modo de escuchar y aprender para luego “repetir”) a la par que un modo de enjuiciar la originalidad y los derechos de autoría de los textos, no se detiene en este solo caso, ya que –como lo expresa el mismo Borges en el prólogo a la primera edición de Historia universal de la infamia y en referencia a los relatos finales del libro-, “en cuanto a los ejemplos de magia que cierran el volumen, no tengo otro derecho sobre ellos que los de un traductor y lector”.

Resta añadir que en el trabajo práctico nos guiamos, para el análisis del relato medieval, por la versión modernizada de Amancio Bolaño e Isla (Don Juan Manuel, El conde Lucanor, México, Porrúa, 1976), que se puede leer aquí.

Luego de leer el “Ejemplo XI” y “El brujo postergado” procure responder las siguientes consignas:

-¿Cuáles son los rasgos más notables del cuento tradicional o popular en el “Ejemplo XI”?
-En “El brujo postergado”, ¿en qué consiste la modernización borgeana del relato medieval?
-¿El desarrollo y orden de las acciones son parecidas o distintas en los cuentos?
- ¿En el cuento de Borges qué relevancia tiene la figura de Patronio? ¿Por qué?
-¿Qué intencionalidad o propósito persiguen uno y otro cuento?


Clases de trabajos prácticos - El cuento moderno


Trabajos prácticos - Cuarta reunión

El cuento moderno: Edgar Allan Poe (1809-1849)  

Heredero de la narrativa de Boccaccio y Chaucer, Edgar A. Poe se destaca no solo por haber desarrollado distintos tipos de relato (fantástico, de terror o gótico, ciencia ficción, detectivesco) sino también por reflexionar sobre el trabajo del artista dentro de la tendencia romántica, propia de su época.  Por esto último es que, antes de avanzar en el análisis e interpretación de sus cuentos, proponemos abordar la lectura de su “Filosofía de lacomposición”, en la que Poe da una idea sobre qué significaba y cómo debía procederse con la redacción del cuento y especialmente del poema. En el artículo, Poe se detiene a comentar cómo pensó y escribió “El cuervo”, su poema más celebrado. Sin embargo, sus planteos e indicaciones son útiles también para entender su prosa, por ejemplo cuando menciona la “unidad de efecto”, también llamada “unidad de impresión”, que incluye como cláusula importante la brevedad del texto: “una relativa duración es absolutamente indispensable para causar un efecto, cualquiera que fuere”; otra de sus cláusulas generales es la “originalidad”, asociada con la tarea de planificar un acto de escritura.

Recuérdese que Jaime Rest menciona los “efectos procurados” como cualidad destacada del cuento moderno, expresión que bien se alinea con el pensamiento de Poe.

Por otro lado, es muy importante leer en nuestro blog la entrada titulada “El cuento. Mínima introducción a su definición, descripción y análisis”, con lo cual se estará en condiciones de responder estas dos consignas:   

1- ¿Cómo define y caracteriza Poe al cuento?
2- ¿Qué significado le da a la palabra “originalidad”?

Además, del post indicado será útil para responder las consignas siguientes y los trabajos prácticos subsiguientes sobre los cuentos de Poe.

Una advertencia: la asignatura toma como base de lectura los cuentos de Edgar A. Poe traducidos por Julio Cortázar, tarea que realizó en el año 1956 para la editorial de la Universidad de Puerto Rico. La publicación posterior de la obra, a partir de 1970, estuvo a cargo del sello  Alianza Editorial, la cual fue revisada y corregida por el propio Cortázar. Se puede leer aquí.

El trabajo práctico se completa con la lectura del cuento "La verdad sobre el caso del Sr. Valdemar" y las consignas:

3- Escriba sintéticamente la trama del cuento.
4- Describa la acción principal del relato y sus transformaciones (La acción parte de una situación inicial, sigue con  la complicación o problema, continúa con la resolución y luego una situación final o desenlace).-
5- Explique cuál es la “unidad de efecto” del cuento.


Trabajos prácticos – Quinta reunión

Los cuentos de Edgar Allan Poe (1)

Con el abordaje de “La caída de la casa Usher” la propuesta se orienta hacia una guía de lectura con la cual se busca una lectura detenida de este cuento complejo y rico; además se propone un enlace con un cuento de Julio Cortázar, para entender también que el “magisterio” narrativo de Poe sobrepasa el ámbito de la lengua inglesa, se extiende hasta nuestros días y está presente en la formación literaria de muchos escritores.

1-Trama del cuento.
2-¿El narrador es solo un testigo de los acontecimientos?
3-Anote los indicios que van creando ‘la unidad de efecto’ del cuento. Preste atención al uso de las adjetivaciones.
4-Personajes principales y secundarios.
5-¿Cómo es la relación del personaje principal con el entorno, es decir, la casa y sus  ambientes, las luces y las sombras?
6-El cuento muestra un recorrido por distintas disciplinas del arte romántico. Desde este punto de vista, ¿cómo está descripta la música, la poesía, la pintura y la narrativa?
7-Relacione los ejercicios artísticos anteriores con la clase social representada por los hermanos Usher e interprete así uno de los posibles sentidos del relato.
8- ¿Qué simboliza la enigmática figura del personaje “Madeline”?
9- ¿En qué categoría podemos colocar este cuento y por qué?
10-Lea el cuento de Julio Cortázar “Casa tomada” (Bestiario) y trace similitudes con éste de Poe.


Trabajos prácticos – Sexta reunión

Los cuentos de Edgar Allan Poe (2)

En este trabajo práctico se trata de relacionar dos cuentos del escritor estadounidense con el propósito de pensar ciertas similitudes en el procedimiento de construcción de sus relatos. Sería algo así como contestar la pregunta ¿por qué razón a Poe le atraía crear ‘climas’ claustrofóbicos, sofocantes?

Luego de leer “El pozo y el péndulo” trate de responder las siguientes preguntas:

1-¿En qué contexto histórico se desenvuelve el cuento?
2-¿Cuál es la mínima anécdota sobre la que se desarrolla?
3-¿Cuáles son las ‘pruebas’ (los peligros) que debe atravesar el protagonista para sobrevivir?
4-Las figuras que ‘ve’ el narrador en los muros y en lo alto, ¿son provocadas por su imaginación o por sus carceleros? ¿Qué representan?
5-Si contrastamos este episodio de encierro del protagonista con el de Madeline (“La caída de la Casa Usher”), ¿se podría interpretar que son dos escenas de una motivación parecida (unidad importante dentro de la trama)?  Explique el sentido de estas motivaciones en los dos cuentos de Poe.

(Para una mejor orientación sobre el concepto de motivación  véase el artículo de Boris Tomashevski “Temática”, incluido en la antología de Tzvetan Todorov, Teoría de la literatura de los formalistas rusos.)